6. ene., 2021

EL ARQUERO

 

El arco era el arma que utilizaban los habitantes de Oskun, que cada cazador construía él mismo junto a las flechas en su hogar, tenían una habitación que la dedicaban para tales menesteres. Era  un pueblo  situado en las montañas,   apenas contaba con trescientas almas, las casas eran de madera y los tejados cubiertos de hierba.  Desde hacía siglos, su principal fuente de riqueza fue la caza.  Allí campaban desde conejos hasta  osos.

Había verdadera rivalidad con la calidad de la madera de los arcos, unos las presumía de tejo; otros, de  olmo; de fresno, decían los terceros. Todos estos árboles se encontraban en los alrededores de la villa.

Como solo atendían los jueves de a doce se bloqueó la centralita. Poco a poco, en la época de los noventa, su fama del lugar fue creciendo debido a la visita del reportero Robert Smith. Y que al ver aquella enorme riqueza,  publicó un reportaje en la revista El cazador.  Desde entonces, la centralita del ayuntamiento de Oskun, no paró de recibir llamadas solicitando información sobre  reservas de hospedaje, que solo funcionaba ese día de diez a doce,  llegó a bloquearse

Hasta allí llegaron gentes de todo el mundo en busca de esas piezas tan demandadas. Fue tal el auge que hubo en el pueblo que todos los cazadores transformaron sus casas en hoteles para dar abasto con tanta. También cambiaron los tradicionales arcos y flechas por armas de fuego.

Tan solo Keman siguió la tradición de arquero solitario. Veía la caza como una forma de subsistir, jamás la entendió como negocio.

En 1995 llegó tal avalancha de personas que no había sitio donde  alojarse. De una sola entidad bancaria que había en Oskun, que solo abría los jueves por la tarde, pasó a tener más de diez. Los clientes de cada entidad tenían que hacer colas durante un buen rato.

Una mañana estaba programada una cacería de jabalíes, los cazadores, con sus escopetas especiales, vehículos todoterreno y todos los aparejos necesarios, fueron al lugar llamado Tornike, allí se concentraba la mayor manada de jabalíes nunca vista. Pero al llegar sucedió algo extraño, en aquel sitio no había ni uno solo. Estuvieron esperando más de ocho horas y se tuvieron que marchar sin disparar un tiro.

Al enterarse Keman, dijo que aquello era una bendición. Los animales habían abandonado Tornike. Exclamó que el pueblo nunca debió permitir llegar al extremo de aceptar a la multitud que allí se había concentrado. Durante una semana se repitió la misma operación, se levantaban temprano y aguardaban durante largas horas  a ver si aparecía algún animal, no ya solo jabalí, daba igual del tipo que fuera, aunque se tratara de un simple conejo, lo importante era un bicho sobre el que descargar la escopeta.

Al cabo de ocho días todos los cazadores abandonaron Oskun y sus habitantes se lamentaban de la mala suerte que habían tenido con sus negocios. Habían soñado con el maná en forma de dinero en sus cuentas corrientes y todo se había evaporado como el humo.

El alcalde convocó una reunión para ver lo que hacían. Todos hablaban al mismo tiempo sin llegar a ponerse de acuerdo. Entonces llegó Keman que tomó la palabra.

   ─Habéis desafiado a la naturaleza y esta nos ha castigado. Llevo una semana sin cruzarme con ningún animal. La presencia de las armas de fuego los ha espantado. Todo por vuestra avaricia.

   ─¿Qué es lo que sugieres, Keman? –inquirió el alcalde.

   ─Volver a los tiempos de antes, a cazar lo indispensable para comer y vestir, pero solo para los habitantes de la zona, no para cazadores codiciosos que solo sienten placer matando animales y llevándose los trofeos a sus casas.

   ─¿Y qué va a ser de las inversiones que hemos tenido que hacer en nuestras casas para convertirlas en hoteles? –preguntó uno de los hombres que más había gastado.

   ─Siempre hemos vivido con lo necesario, hemos dejado que los animales se reprodujeran y que camparan por las montañas como la cosa más natural del mundo.

   ─Pero no me has contestado a la pregunta, querido Keman –insistió el mismo hombre.

   ─Nadie te obligó a hacerlo. Fuiste avaricioso en tus pretensiones y, ahora que el negocio ha fallado, no sabes qué disparates decir para recuperar tu dinero.

Hubo un momento de silencio, todos estaban cabizbajos, lo que Keman acababa de decir los dejó perplejos.

Durante la semana siguiente, aunque salieron a las montañas, no vieron ningún animal sobre el que descargar su ira.

Keman, que no sabía estar sin hacer nada,  se adentró en el bosque en busca de árboles distintos para la construcción de un arco nuevo. Encontró parajes a los  que nunca había ido, cincuenta kilómetros más allá de Tornike. Estaba completamente agotado y apenas podía caminar, entonces divisó un gran robledal, árboles que no había en su zona y vio  a todos los animales que habían vivido cerca del pueblo. Aunque Keman, hacía ya horas que no había comido nada, no tuvo más remedio que tumbarse en el suelo y descansar. Cuando despertó, contempló como los osos, los jabalíes, los conejos y todos los animales que habían desaparecido de Tornike, emprendieron su viaje de vuelta al hábitat de siempre.