Primer capítulo de mi novela JUGUEMOS CON LAS NUBES

CAPÍTULO 1. EN CUARTO DE PRIMARIA

Hoy hay clase. Marcos imagina que va a ser un día especial, y tiene razón. Su amigo Fran llega corriendo como siempre, con su monopatín        que él mismo se fabricó. Conchi silba una canción. Toñi ya está sentada en clase, ¡suele llegar pronto para estar cerca de Marcos!  Luís se las arregla para comer galletas a escondidas mientras el profesor explica.

Todo parece normal hasta que el maestro suelta la bomba: ¡Hay que hacer un trabajo de investigación sobre las nubes!

Los cinco protagonistas van a la misma clase de quince alumnos. Don Críspulo los ha distribuido en grupos de cinco. El suyo es el tercero y está compuesto por tres chicos y dos chicas que es el de los personajes de nuestra historia. Están en cuarto de primaria. Viven en Cabrales de los Montes, un pueblo de mil quinientos habitantes de la provincia de Ciudad Real. Entre los cinco deben plasmar sus pesquisas en un mural y tienen que completarlo con una redacción.

 Cada tarde se juntan en casa de uno de los componentes, de tal manera que a lo largo de la semana pasan por las cinco casas.

 Lunes, primer día de la semana, en casa de Marcos

─¡Mirad, una tortuga que camina despacio por la tierra! Le propongo echar una carrera, pero ella no acepta ─dice Marcos.

─¡Pero qué dices, Marcos! ¿No ves que es un corredor que está a punto de llegar a meta? ─comenta Fran.

─No sabéis de lo que estáis hablando, es una tortuga que la van a meter en una cazuela llena de agua para después cocinarla, ¡se me está haciendo la boca…! ─dice Luis.

─Luís, tú siempre pensando en lo mismo ─dice Marcos.

        ─Es una tortuga que la llevan a un zoo ─dice Toñi.

─Pero que brutos sois. Es una chica que está tocando el piano ─dice Conchi.

─¡Mirad, un barco! Soy el capitán. Allí hay otros barcos piratas a los que pienso arrebatar todos sus tesoros. Yo mando la tripulación que ya está preparada. Durante un par de horas la lucha es feroz, hasta que me apodero de él ─dice Marcos.

─Eso es una competición de piragüismo, ¿no veis como la número 3 va la primera? ─dice Fran.

─Estáis todos equivocados. Eso es una parrillada. Un hombre no para de llevar carne a la brasa para dar de comer a sus invitados ─dice Luis.

─¡No puede ser! ─dicen el resto de compañeros.

─Yo creo que son vacas que las llevan a encerrar ─dice Toñi.

─Eso es una banda de música que está tocando ─dice Conchi.

─¡Mirad, un camión lleno de sandías! Me encantan. Si me ayudáis a cogerlas, podremos tener un garaje lleno y así comeremos todas las que nos apetezcan ─dice Marcos.

─Estoy de acuerdo contigo, Marcos. Voy a ayudarte, pero tienes que dejar que me coma una yo solo. ¿De acuerdo? ─dice Luis.

─No es un camión de sandías. Es una competición de bolos. ¿No veis como el jugador se dispone a lanzar? ─dice Fran.

─No, no, no. No tenéis idea. Es una exposición de animales marinos ─dice Toñi.

─No sabéis lo que estáis diciendo. Es una banda de tambores en la que todos están tocando. ¿No oís la música? ─Conchi cierra los ojos.

 

─Mirad, aquella nube es un dromedario. Estamos en el desierto y es el único animal que puede atravesarlo sin ningún problema, aguanta sin tener que beber en muchos… ─Marcos está sudando. Tiene mucho calor. El sol le está pegando de lleno.

─¡Qué dromedario por el desierto! Es un jabalí que acaban de cazar y lo llevan al carnicero para aprovechar su carne. Estoy muy contento porque tengo carne fresca y podré comer toda la que quiera hasta hartarme ─dice Luis.

─Nooooooo… ─contestan todos.

─Es una competición de camiones gigantes. ¿No veis cómo el número 2 va a adelantar al 1? ─dice Fran.

─Estoy de acuerdo con Marcos. Es un dromedario, ¡si os fijáis el sol pega de lo lindo!  El desierto no perdona ─dice Toñi.

─Gracias, Toñi. Los dos vemos lo mismo. Luego tenemos razón, es un dromedario.

─No, yo no lo veo, ni muchísimo menos. Es un músico que va por la calle tocando su instrumento, no estoy segura cuál es pero… ¿Acaso no lo oís? ─dice Conchi.

Entonces la madre de Marcos abre la puerta y les dice que la merienda está lista. Los niños bajan y Luis se pasa la mano por la barriga.

  Martes, segundo día, en casa de Luis

─¡Mirad, un perro! En mi casa no tengo ninguno. Lo tengo prohibido. Mis padres dicen que dan muchas obligaciones y que no tienen tiempo de ocuparse de él. Por eso sueño con tener uno, aunque solamente sea en mi imaginación. Ahora que lo veo, lo meteré en mi dormitorio, lo pasearé por el jardín y jugaré con él ─dice Marcos.

    ─¡Qué poca chispa tienes, Marcos! Eso es un chivo que está pidiendo a gritos que lo lleven al matadero, que lo hagan chuletas y que mi padre lo prepare en la barbacoa. ¡Qué rico! ─dice Luis.

─Pero Luis… tú siempre con lo mismo ─le recriminan todos.

─Eso no es un perro. Es un corredor de fondo que se está preparando para competir. ¿No veis lo concentrado que está? ─dice Fran.

─Puede que Marcos tenga razón y sea un perro ─dice Toñi.

─Uy, uy, uy. Ya son muchas las coincidencias con Marcos. ¿No será que te estás enamorando de él? ─dice Conchi, al tiempo que Toñi se pone colorada y Marcos mira de nuevo a las nubes.

─¡Mirad, un hombre calvo! Mi padre tiene mucho pelo, luego no puede ser. Parece mi abuelo que es calvo, ahora lo veo claro, es mi abuelo. Estoy con él y me cuenta batallitas ─Marcos cierra los ojos como si estuviera dormido.

─Dejémosle que duerma y vamos a merendar. Tengo mucha hambre, ¡tengo la sensación de que llevo un mes sin comer! –exclama Luis.

─Tú estás siempre con lo mismo. Parece que no hay que hacer otra cosa y no dejas de pensar en tragar ─dice Toñi.

─Es un deporte muy divertido ─contesta Conchi.

─Yo creo que están jugando al billar ─dice Fran.

─Y tú, Toñi, ¿qué crees que es? ─Toñi frunce el entrecejo y no contesta, tiene la mirada baja. 

─¡Mirad, allí hay un león! Estoy en la selva. Me quedo solo, y de pronto aparece un enorme león que tiene pinta de que lleva varios días sin comer. Cada vez está más cerca y no tengo nada con que defenderme. Saco mis puños de acero y le hago frente. No le queda más remedio que rendirse porque no puede conmigo ─dice Marcos.

─Oye, Marcos. ¿Por qué no lo acercas a las parrillas y lo vamos asando poco a poco? Tengo un poco de hambre con tanta selva y tanto esfuerzo ─dice Luis.

     ─¡Pero ya estás con las mismas! ─exclaman las dos chicas.         

─No, Marcos, no está en la selva. Eso es un canódromo ─afirma Fran.

─¿Un canódromo dices? ─pregunta Toñi.

─Pero el animal es muy grande para estar en un canódromo ─dice Conchi.

─¡Mirad, un ratón que se está comiendo un gran trozo de queso! ─dice Marcos.

─¿Cómo que se está comiendo un gran trozo de queso? ¿Dónde hay una escoba que lo voy a echar a escobazos? ¿Quiere dejarme sin comer hoy? No lo voy a consentir ─comenta Luis.

─Es tan rápido que podría quedar campeón de diez metros en los Juegos Olímpicos ─afirma Fran mientras contempla como el ratón sale corriendo y se mete en un agujero. Luis tiene una escoba y busca al ratón pero ya no está.

 ─Son unos animales muy curiosos, a mi madre no le gustan, se pone muy nerviosa cuando se los menciona ─dice Toñi.

 ─Pero producen una música maravillosa ─comenta Conchi.

En esto el padre de Luis toca la puerta y les dice que la merienda está lista. Los niños bajan. Mientras tanto, Luis se lleva la mano a la barriga.

 

 Miércoles, tercer día,  en casa de Fran

─¡Mirad, un delfín! Recuerdo una película sobre uno titulada: “El delfín inseparable”. Y desde entonces soy muy amigo de ellos. Estoy en la piscina de casa jugando con él ─dice Marcos.

─¡Eso, eso, un pez grande, que tenga mucha carne para que me la pueda comer! ─exclama Luis.

─¿Luis, tú no te cansas nunca de pensar en la comida? ─le pregunta Fran.

─¿Y si tengo hambre que quieres que haga?

─Curioso animal, me encantan los delfines, Marcos ─dice Toñi.

─A mí lo que más gusta de ellos es la música que producen ─dice Conchi.

─¡Mirad, un oso polar! En el pasillo de mi casa tengo un cuadro de una familia de osos polares. Cuando estoy solo lo observo con frecuencia. Aún recuerdo aquel documental titulado: “La vida de los osos”. Me encantan esos animales ─comenta Marcos.

─Y a nosotros también.

─Pero ¿los osos polares se comen? ─pregunta Luis.

─No, nosotros, no. Tú tal vez te atrevas a comerte uno ─le contestaron todos a la vez.

─Bueno, bueno, yo solamente lo pregunto por si alguien puede decirme como sabe ─dice Luis.

─Quizá ese oso está en competición a punto de ganarla ─comenta Fran.

─Yo me quedo ensimismada cada vez que  recuerdo aquel documental. De mayor me gustaría ser veterinaria para poder cuidarlos ─afirma Toñi.

─Me encanta escuchar música inspirada en ellos, cuando sea profesora les voy a componer alguna pieza ─dice Conchi.

 ─¡Mirad, un archipiélago! ─dice Marcos.

─¿Un qué? ¿Y eso se come? ─pregunta Luis.

Tú siempre pensando en lo mismo ─comentan las chicas.

─Me imagino que tengo un barquito para ir de una isla a otra desde mi casa. Me encanta el mar, es maravilloso ─comenta Marcos.

─A mí las islas no me interesan, salvo que haya mucha comida ─dice Luis.

─¡Quieres dejarlo ya! ─exclaman Marcos y Fran.

─Cuando sea veterinaria me iré a una isla y allí estudiaré todos los animales marinos ─dice Toñi.

─Escuchad, ¿no oís la música que producen sus aguas?

 

La hermana mayor de Fran se presenta con una bandeja llena de bocadillos para que merienden.

 Jueves, cuarto día, en casa de Toñi

─¡Mirad, una oveja! Mejor dicho por lo menos diez o doce. Van todas juntas con un pastorcillo que las cuida. A mí me gustaría ser pastor para protegerlas, abrazarlas, cierro los ojos y me las imagino ─comenta Marcos.

─Ya va siendo hora de merendar. Una oveja a la brasa me sentaría estupendamente, si es gordita, mejor que mejor ─dice Luis que se lleva la mano a la barriga.

Sus compañeros lo miran, esta vez no le dicen nada, solo mueven sus cabezas en señal de reproche.

─La verdad es que  cuando me imagino una carrera de ovejas, pienso en lo famoso que sería el pueblo. Tengo que proponérselo al concejal de deportes para la próxima competición ─comenta Fran.

─Mi abuelo me cuenta que aprovechan sus tripas para hacer zambombas, ¡cuánto me gusta la música que hacen! ─dice Conchi cerrando los ojos.

─¡Mirad, una cabra perdida! Está sola y no sabe dónde ir. Me acercaré a ella, me haré amigo suyo ─dice Marcos.

─La verdad es que la carne de cabra tampoco está mal. Lo que sea, a estas horas, se agradece ─comenta Luis.

─A ti es mejor regalarte un traje que invitarte a comer. Resulta mucho más económico. ¡Vaya chico, siempre pensando en lo mismo! ─exclama Conchi.

─¿Vosotros no coméis nunca? ─pregunta Luis.

─Sí que comemos, pero a sus horas, no constantemente como tú ─comenta Toñi.

─Una carrera de cabras, tampoco estaría mal. ¿Y si hiciéramos una mixta de cabras y de ovejas, quién ganaría, una cabra o una oveja? ─pregunta Fran.

─Llevas razón Fran, tenemos que hacer una exposición de cabras y de ovejas  ─dice Toñi.

─Las cabras también son importantes según me comenta mi abuelo ─dice Conchi.

─¡Mirad, un lobo que quiere comerse vuestras cabras y vuestras ovejas! Voy a tratar de echarlo. No me hace caso. Está a punto de comerse una cabra, hay que hacer que se vaya ─dice Marcos.

─Échalo pronto no vaya a ser que me deje sin merienda, porque los lobos ya se sabe, solamente piensan en comer, sin importarle el hambre de los demás ─comenta Luis.

─Me parece que tendrás que echarlo tú. Porque eres el único que tiene hambre ─comenta Conchi.

─Si el lobo se come a las cabras y a las ovejas no tendréis animales para vuestra carrera ─dice Luis.

─Es lo único sensato que dices en toda la tarde. Luis lleva razón, tendremos que echarlo entre todos, de lo contrario no tendremos ni cabras, ni ovejas ─comenta Toñi.  

─A mí no me gustaría que se las comiese y nos quedásemos sin competición ─dice Fran.

─¡Mirad aquella cabeza tan enorme que…! ─dice Marcos señalando con su dedo índice.

─Debe ser una cabeza de jabalí, ¡qué rica! Se me hace la boca agua ─dice Luis relamiéndose los labios.

─Lo tuyo no tiene remedio. No conozco a nadie que esté todo el día pensando en comer como tú ─comenta Conchi.

─Seguramente son las fiestas y están echando una carrera de gigantes y cabezudos, ¡el que vemos va el primero! ─exclama Fran.

─Quizá sea de una especie rara que necesite que se investigue. Tendré que ver de qué animal se trata ─dice Toñi.

─Escuchad la música de las fiestas de ese pueblo, cada vez se oye más fuerte ─dice Conchi.

─¡Mirad, un búfalo! Soy un indio, saco mi arco y mis flechas y voy a cazarlo. Acabo de derribar a varios ─dice Marcos.

─Habrá que ir preparando alguno para merendar. ¡Llevo tantas semanas sin comer! ─pregunta Luis.

─¿Cuánto tiempo aguantas sin llevarte algo a la boca? ─pregunta Conchi.

─ Pero si hace un siglo desde que comí la última vez ─responde Luis.

─Una carrera de búfalos, como en las películas del oeste. ¡Qué divertido! ─exclama Fran.

─Hermoso animal. ¡Qué lástima que ya casi no queden! ─comenta Toñi.

─A mí me encanta cuando bufan. Su música es fantástica ─dice Conchi.

─¡Mirad, un cordero que pierde a su mamá! Vuelve el lobo y se acerca al cordero para comérselo. Trato de alejar el lobo del corderito, le digo con fuerza que se vaya, cojo un palo para apartarlo ─dice Marcos.

─Un corderito tampoco está mal para empezar. ¿No os parece qué para que se lo coma el lobo debe ser para mí? ─pregunta Luis.

─Eres incorregible, Luis. Tú, con tal de comer, lo mismo te da una cosa que otra. ¿No tienes sentimientos hacia el animalito? ─pregunta Toñi.

─Yo lo único que tengo es hambre ─contesta Luis.

─Está visto que ese dichoso animal nos va a fastidiar la carrera ─dice Fran.

─Y la música de las fiestas ─dice Conchi.

─¡Mirad, un elefante que asusta al lobo y provoca que huya a toda velocidad! ─dice Marcos.

─¿Un elefante? No sé si podré comérmelo entero.

─¡Pero no seas bestia, Luis! ¡Cómo te vas a comer un elefante! ─exclama Toñi.

─Una carrera de elefantes tampoco está mal. Pero necesitamos algunos más. Y no veo más que uno. Así no habrá carrera ─comenta Fran.

─¿Una carrera de elefantes? Pero ¿tú estás en tus cabales, Fran? Eso es imposible ─dice Toñi.

─Ese animal produce una música excelente. Quiero escucharla tranquilamente ─dice Conchi.

Entonces aparece el abuelo de Toñi con una bandeja y unos bocadillos para todos.

 Viernes, quinto día, en casa de Conchi

─¡Mirad, un géiser que baña al elefante! ¿No veis lo contento que está cuando lo bañan? ─dice Marcos.

─Mientras meriendo no está mal un poquito de agua para que vaya pasando la carne ─dice Luis.

─Una carrera de géiseres. Fantástico. Cuando vea al concejal de deportes se lo tengo que proponer ─dice Fran.

─Creo que os estáis volviendo locos. ¿Cómo pretendéis, uno beber agua del géiser y otro hacer una carrera de géiseres? ─dice Toñi.

─Yo creo que producen una música maravillosa ─dice Conchi.

─¡Mirad, un murciélago! Aunque me da mucho miedo ─dice Marcos tapándose la cara con su mano.

─No sé si me gusta la carne de murciélago. ¿A qué sabe? Siempre hay una primera vez para todo ─dice Luis.

─¡Qué insaciable eres, Luis! ─exclama Toñi.

─¿Qué significa esa palabra? ─pregunta Luis.

─¡Qué no te cansas nunca, pesao! ─exclama Toñi.

─¿Puedes repetirlo? ─pregunta Luis.

─Que eres un PESAO…  ─contesta Toñi.

─Un concurso de murciélagos en la cueva es una carrera interesante ─comenta Fran.

─¡Fantástico! Escuchar la música murcielaguina debe ser extraordinario ─dice Conchi.

─¡Mirad, una jirafa! Me gustan los animales altos, son mis preferidos. Fijaos en el cuello tan grande que tiene ─dice Marcos.

─Una jirafa. No está mal de tamaño. ¿A qué sabe la carne de jirafa, Marcos? Pero qué importancia puede tener. La carne siempre es carne sea del animal que sea ─comenta Luis.

─Una carrera de jirafas en la ladera del pueblo. Interesante. ¿Cuál es el número ideal, cinco, tal vez seis? ─pregunta Fran.

─Cuando sea veterinaria también trabajaré en un zoo ─dice Toñi.

─Para escuchar la música de las jirafas hay que estar muy atentos porque su sonido nos llega de lejos ─comenta Conchi.

 ─¡Un helicóptero! ¿Oís el ruido que hace? Cada vez es más fuerte ─dice Marcos.

 ─Pero ¿qué clase de alimento  es un helicóptero? Marcos, imagina otra cosa que se pueda comer. ¿No querrás que me quede sin merendar hoy? ─comenta Luis.

─Una competición de helicópteros. Vaya, eso es muy interesante. Gracias, Marcos, cada día tu imaginación es mejor ─dice Fran.

─Pero a mí me dejáis sin animales. No me gustan los helicópteros ─comenta Toñi.

─Es una música fuerte, me encanta ─dice Conchi.

 

Entonces aparece la madre de Conchi con una bandeja de bocadillos, Luis empieza el primero y, antes de que sus compañeros cojan cada uno el suyo, él lleva ya tres.

 

 Es lunes de la semana siguiente, el día que los tres grupos tienen que presentar sus trabajos. Don Críspulo los va llamando.

El primero se presenta con un mural en cartulina explicando con dibujos, con información sacada de internet, sobre los distintos tipos de nubes y el maestro les pone un 7, 75.

 

El segundo presenta su cartulina, tomada de una enciclopedia, una a una van apareciendo las fotografías aportadas por los alumnos, el  trabajo es muy parecido al del grupo número 1. El maestro lo califica con un 8.

 

Por último les toca a los del grupo 3, que se presentan con cinco cartulinas, cada una trata un  aspecto.

El maestro les recrimina que  deben presentar el trabajo en una sola cartulina, como máximo en dos. Las dos chicas y los tres chicos se miran los unos a los otros y se encogen de hombros.

El primero en exponer el trabajo es Marcos, que explica lo que él observó en las nubes en los distintos días, mostrando su cartulina azul a sus compañeros y al maestro, con los dibujos de una tortuga, un barco pirata, un camión y un dromedario.

Después le toca a Luis, la suya es de color verde claro y que enseña dibujos de nubes: unas chuletas de chivo, una merienda, una parrilla con carne y un gran trozo de queso.

En tercer lugar Fran, que en una cartulina rosa, muestra los suyos: un concurso de delfines, una competición de osos, una exhibición de gigantes y cabezudos y una carrera de búfalos.

Luego le toca el turno a Toñi con cartulina gris, tiene dibujados: una tortuga, una vaca,  una exposición de animales marinos, un dromedario, un perro y un delfín.

 Y, por último, Conchi muestra su cartulina de color burdeos con un montón de dibujos acompañados de notas musicales: la música de un géiser, un murciélago cantando, música de jirafas y un helicóptero haciendo ruido.

 

Don Críspulo se dirige a sus alumnos y les comenta que los dos primeros grupos se han limitado a copiar de las enciclopedias y de internet los distintos tipos de nubes. Dirigiéndose al grupo tres les dice:

 ─Muy bien, chicos y chicas. Es el primer diez que doy por un mural. Os felicito por este trabajo magnífico, porque demostráis  que, aunque todas las nubes tienen la misma composición, y están divididas en unos tipos concretos, cada una de ellas es única, especial y diferente para cada uno de nosotros. ¡Gracias por  vuestra imaginación! ─los cinco respondieron a la vez con un ¡bien!