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Primer capítulo de mi novela SOBRE LAS MUJERES DEL CUADRO

CAPÍTULO 1

EL ENCUENTRO

 

Blanca estaba esperando en El Calvario la llegada del autobús.

Miró el reloj, todavía no eran las siete menos diez de la mañana.

Cuando subió al autocar, pagó su billete y buscó un asiento libre, entonces se quedó paralizada, vio a una mujer que era igual que ella. Cecilia estaba traspuesta, Blanca tuvo que despertarla.

—Perdona que te moleste pero no lo he podido evitar.

Cecilia abrió los ojos y al ver a Blanca exclamó:

—¡Pero si somos iguales! ¡No es posible!

—Me siento como si me mirara al espejo, la voz la tenemos parecida, tú tienes el pelo largo y moreno, el mío es corto y rubio,

aunque sea teñido, supongo que tú te sentirás igual.

—No creo en las casualidades. Debe haber una respuesta.

—¿Cuál es tu fecha de nacimiento?

—Yo nací en Madrid, el treinta de mayo de mil novecientos ochenta y cinco.

—La misma que yo. Ese dato nos une más de lo que en un principio pudiera parecer. Tenemos que hacernos, si te parece, las pruebas pertinentes.

—Estoy de acuerdo contigo. Perdona pero no me he presentado. Soy Cecilia, trabajo como profesora de Historia en el I.E.S

Fernando de Mena de Socuéllamos.

—Yo soy Blanca y, al igual que tú, trabajo en el I.E.S, pero en el Isabel Martínez Buendía de Pedro Muñoz, como profesora de Lengua y Literatura.

—¿Dónde viven tus padres?

—En Almansa, en la provincia de Albacete, ¿y los tuyos?

—En Marchamalo, en la provincia de Guadalajara.

—El que seamos iguales, quiere decir algo, soy hija única, mis

padres me dijeron que no pudieron tener más hijos, pero sospecho que no me han dicho toda la verdad.

—Mi caso es muy parecido. También soy hija única, aunque

jamás les pregunté el motivo por el que no tuvieron más hijos.

—Me educaron en las más estrictas convicciones religiosas, de hecho estudié en el colegio de las Esclavas de María, lo que influyó en mis creencias.

—Yo, al contrario que tú, estudié primaria en el colegio público Cristo de la Esperanza, secundaria en el I.E.S de Marchamalo y la carrera en la Universidad de Alcalá de Henares.

—Como no pude seguir estudiando el bachillerato en el colegio, lo hice en el I.E.S de Almansa y la carrera en Valencia.

—¿Te dijeron tus padres el nombre de la clínica donde naciste?

—Sí, creo recordar que fue en la Clínica España de Madrid.

—En la misma que yo.

—Demasiadas coincidencias. Toda la vida pensando que era hija única y ahora me encuentro con una hermana gemela. ¡No me lo puedo creer!

—Todavía no estamos seguras de que seamos hermanas.

—Es verdad, pero son demasiadas coincidencias las que nos

unen. La misma cara, estatura, color de ojos, el lunar en la frente.

Estoy segura de que somos hermanas.

—De no ser gemelas, nunca lo hubiéramos descubierto.

—Tienes razón, tenemos que hacernos las pruebas cuanto antes.

—Estoy de acuerdo, no tengo la menor duda, debemos de hacérnoslas.

—¿Qué tal por Socuéllamos?

—Muy bien, mejor de lo que esperaba. Al llegar al I.E.S me encontré con un ambiente muy agradable, los compañeros me acogieron con los brazos abiertos y eso siempre es de agradecer.

¿Y tú en Pedro Muñoz?

—Comparto piso con una compañera que viene de un pueblo de Córdoba, siempre está de broma, con ese deje andaluz tan característico, la verdad es que nos llevamos estupendamente.

—No puedo parar de mirarte y verme reflejada en tu rostro, no termino de creérmelo, prefiero el tren al autobús, pero la estación de ferrocarril de Socuéllamos está lejísimos, la del autobús la tengo muy cerca del piso. Si hubiera ido en tren no nos habíamos conocido.

 —Estoy turulata. Tienes razón, si hubieras cogido el tren seguiríamos creyendo que éramos hijas única.

 —Tú de Almansa y yo de Marchamalo y las dos cogemos el mismo autobús. ¡Qué casualidad!

—Y que lo digas, Cecilia, me parece que estoy soñando. Llevaba mucho tiempo queriendo visitar el Museo del Prado y emplear el día en verlo.

—Yo llevo casi un mes sin ir a Marchamalo, tengo que hablar de esto con mis padres. ¿Por qué no aprovechamos cuando lleguemos a Madrid para hacernos las pruebas y después te vienes conmigo a pasar el fin de semana?

—Supongo que el Museo del Prado no se lo llevarán y podré ir otro día. Creo que te haré caso, iré contigo a Marchamalo, así tendré la oportunidad de conocer a tus padres, con las dos juntas no podrán decir que te lo has inventado.

—Se nos ha pasado el tiempo volando, casi estamos llegando a Madrid.

—Sí, la verdad es que todos los días no se encuentra con una hermana gemela.

—Blanca. ¿Qué sensación tienes?

—No sabría que decirte. Por un lado el saber que tienes una hermana es algo sorprenderte. Por otro, descubrir que tus padres te han ocultado la verdad, duele.

—A mí me sucede algo parecido. Aunque ahora empiezo a comprender que mis padres no me quisieran decir toda la verdad.

—Todo parece indicar que fuimos bebés robados.

—Suena muy fuerte pero todos los indicios apuntan en ese sentido.

—Se está poniendo de moda el asunto de los bebés robados y nosotras hemos sido un caso más.

—Eso parece, tenemos que ir a la Clínica España, nuestro lugar de nacimiento.

—¿Te has parado a pensar si nuestra madre biológica nos encontrara después de treinta y tres años?

—Quizá se viera en la situación de tener que darnos en adopción. Una vez que nos confirmen que somos hermanas, tendríamos que investigarlo.

—Eso no es nada fácil. A saber quién puede ser nuestra madre.

—Cuando lleguemos a Madrid cogemos un taxi que nos lleve a la clínica. Allí nos hacemos las pruebas y después iremos a Marchamalo.

—De acuerdo.

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