EL AMIGO DE MI MUJER

Un ciego, antiguo amigo de mi mujer, iba a venir a pasar la noche en casa. Nunca me había hablado de él y empecé a hacerme un montón de preguntas sobre esa amistad. Siempre me ha gustado conocer a todos sus amigos y la llegada del ciego empezaba a sacarme de mis casillas. Comenzaron a surgir mil preguntas, ¿cuándo se conocieron? ¿por qué nunca me había hablado de él? ¿por qué aparece ahora? Soy una persona a la que le gusta tenerlo todo controlado y esa visita me estaba inquietando. ¿Tenía motivos para estar celoso? Por un ciego no debería, pero nunca se sabe. Ella es tan dicharachera que hace amistad con todo el mundo, esa fue una de las cosas que más me atrajo de ella cuando la conocí, que siempre estaba sonriendo. Yo, que quizá sea la persona más seria del mundo, vi en ella el contrapunto perfecto.

Desde primera hora, cuando me contó que tendríamos visita, no me ha salido nada a derechas, se me ha caído la taza del café,  se ha hecho añicos, casi choco contra la farola,  mi secretaria ha tenido que recordarme varias veces la cita con uno de mis clientes. He de reconocer que, la llegada de ese personaje tan enigmático ha conseguido ponerme nervioso. No recuerdo cuando fue la última vez, si es que hubo alguna antes, en que pospusiese todas las citas para la semana próxima. Fui al parque y estuve toda la mañana paseando, cuando me cansé, me senté en un banco y me dediqué a contemplar a la gente que pasaba. Me sentía fuera de lugar viendo a los corredores en chándal. Llevaba tanto tiempo sin tomarme un solo día de vacaciones, y aquello me relajó tanto que casi me quedo dormido, pero me desperté por la llamada de mi secretaria reclamando que volviera. Demasiado bueno para ser verdad. No podía ser cierto que estuviera sentado en un banco del parque sin que nadie me interrumpiera. Intenté adivinar que era aquello tan urgente, mientras  no paraba de darle vueltas al asunto del amigo de mi mujer. Luego descubrí que me había  llamado uno de nuestros principales clientes solicitando que nos viéramos de inmediato, que no lo podía demorar un solo segundo más. Le dije que viniera, mientras lo esperaba mis pensamientos estaban rondando  la visita de la noche. Aceleré todo lo que pude la entrevista con el cliente, aparentaba que lo estaba escuchando pero no era verdad, cuando se fuera estudiaría su propuesta.

Como ya era más de la una y media, le dije a mi secretaria que me iba a dar una vuelta y que no regresaría hasta después de comer. Ella se extrañó mucho porque nunca lo había hecho antes. Mientras caminaba no dejaba de pensar en lo mismo. Cuando me di cuenta eran más de las dos y media y empecé a tener hambre. Vi un restaurante, pasé y pedí la carta. Comí despacio, mientras seguía cavilando.  Como había pedido sopa, se quedó fría y le dije al camarero que la retirara. Me trajo el segundo, un chuletón que tenía una pinta magnífica. Me centré en la carne y no paré hasta que me la comí. No volví a pensar en el ciego misterioso hasta que pedí el café. Como tardé en bebérmelo se quedó frío.

Cuando llegué a la oficina mi secretaria, que empezaba a ponerse muy pesada, me dijo que había llamado mi mujer,  que la madre de su amigo el ciego,  había tenido un ataque al corazón  y que no podía venir a casa. Entonces me di cuenta de que me había dejado el móvil en la oficina y tenía varias llamadas perdidas.

 

 

 

  

   

 

    

 

 

 

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